Las empresas
Ayer fui a ver El método Gronholm. Es una obra de teatro que pretende satirizar la selección de personal por parte de las grandes empresas. La gente se reía mucho. ¡Qué exagerados! decía uno.
Pero es que esas cosas pasan ya. A mi nuera, en una entrevista colectiva para seleccionar azafatas del AVE, le dijeron: a ver, dígame con qué argumentos rechazaría usted a este otro candidato (con el otro candidato delante, claro); y viceversa. Las personas reciben ya la misma consideración que la maquinaria. Véase si no lo que hay detrás de la canallesca expresión empresarial "recursos humanos".
Más tarde, a una persona que ya tiene un humilde sueldecito, la rodean una serie de mercaderes para que gaste, gaste, gaste. Pero ésa es otra historia.
Es lo de siempre: la codicia de las grandes empresas se supone que va a terminar produciendo el bien común. Y eso, en una época en la que los derechos de los trabajadores retroceden, en la que nadie habla ya de revolución, ni de lucha de clases, ni de opresión del hombre por el hombre.
Si las entrevistas de trabajo de mis hijos son así ¿cómo serán las de mis nietos? La cosa irá a más.


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