7 de marzo de 2008

El sueño

El otro día iba yo en mi viejo coche coreano por la carretera de las ciénagas. Había un gran letrero que decía "La suma de todos. Próximo desdoble. Urbanización Clara Campo Amor, venta de pisos sobre plano". De repente, me quedé sin frenos. La única solución para salvarme era salirme de la carretera. A un lado de la carretera había un niño, y al otro, un robusto mozalbete, con cuadraditos en el abdomen (yo, en el abdomen, sólo tengo barriguita, a pesar de los esfuerzos de mi monitor de gimnasio) y con un tatuaje en su pecho varonil que decía "Medio Ambiente". Un lince, mientras tanto, preparaba su cámara fotográfica desde un cerro cercano. ¿Qué hacer? ¿A quién atropellar?
Entonces sonó el despertador.
La alternativa no es esa: o medio ambiente o vidas humanas. Si nos cargamos el medio ambiente, también nos cargaremos las vidas humanas. A más largo plazo, pero con mayor eficacia. Además, los árboles y los animalitos llegaron antes aquí.
Estamos haciendo muchas carreteras. Demasiadas. Luego vendrá un constructor y dirá: ¡hombre! voy a hacer una casa al lado de esta carretera.
Y que conste que a mí, los constructores, me dan pena. Es su medio de vida. Vender casas. ¿Qué harán si les quitamos su medio de vida? ¿Tú le quitarías su medio de vida a una viejecita que tiene una mercería para vivir?