Poderosos
Yo soy un humilde funcionario desde 1985.
Sin embargo, tengo el honor de caerle gordo a un determinado poderoso. Este poderoso ha dicho recientemente de mí que "le asusto".
Este poderoso es, nada más y nada menos, jefe del gabinete del ministro de Economía y Hacienda.
¿Qué le habré hecho yo a este poderoso, pobre de mí?
El odio debió presentársele entre 1993 y 2002. En 1993 le conocí, y en 2002, cuando me operé de un tumor cerebral, me dijo la siguiente frase, cargada de amabilidad, al irme de baja: ten cuidado, no te vayan a hacer una lobotomía. El tumor cerebral era pequeñito, de esos que se quitan sin necesidad de hurgar en el cerebro, pero me tuvieron que hacer un agujero en la cabeza, que todavía conservo. Cualquiera de mis lectores, si los hay, puede meter el dedo.
Yo no pensaba decirle nada a nadie. Sólo se lo dije a mis amigos Javier, Luis e Isabel. Pero tuve la debilidad de decírselo también a mi entonces jefe directo, hombre muy cotillo, que a su vez se lo espetó al poderoso (su jefe directo), el cual me obsequió con la amable frase.

